Subscribe to yo acuso radio
Subscribe to yo acuso radio
Subscribe to yo acuso radio by mail

En el wtc

Niñas y niños de origen náhuatl provenientes de Tlaquilpa, municipio de la Sierra de Zongolica, saludaron a la presidenta del DIF Nacional, Margarita Zavala, así como a la presidenta del DIF Estatal, Karime Macías de Duarte y al gobernador Javier Duarte de Ochoa, a quienes colocaron coronas y collares elaborados con flores, tradición que se sigue en esa región para recibir a los visitantes distinguidos.
Niños indígenas con capacidades diferentes

Vamos a consolidar el desarrollo de México: Duarte

El gobernador Javier Duarte de Ochoa reconoció el liderazgo de Ivonne Ortega Pacheco, a quien llamó “aliada y amiga de Veracruz”, y dijo que su trabajo, disposición y empeño, serán fundamentales en esta relación de trabajo y de promoción de ambas entidades. En la zona portuaria les acompañan la señora Karime Macías de Duarte; Juan José Martín Pacheco, Secretario de Fomento Turístico de Yucatán y Rafael Mena Lire, Director de la Administración Portuaria Integral de Progreso.
Mandatarios estatales

Vamos a detonar México

Veracruz reforzará su liderazgo y su desarrollo en alianzas estratégicas con las entidades del sur-sureste mexicano, expresó el gobernador Javier Duarte de Ochoa al reunirse con la gobernadora Ivonne Ortega Pacheco, para abordar, entre otros temas, las rutas de los cruceros que han elegido Veracruz en su mapa de destinos. El mandatario estuvo acompañado de su esposa Karime Macías de Duarte. En la gráfica aparecen a la izquierda Rafael Mena Lire, Director de la Administración Portuaria Integral y a la derecha Juan José Martín Pacheco, Secretario de Fomento Turístico de Yucatán.
Niños indígenas con capacidades diferentes

Javier Duarte

El gobernador Javier Duarte de Ochoa agradeció a los miembros del Consejo Coordinador Empresarial de Xalapa, por representar la fuerza económica que genera empleos. Este martes, se reunieron en la sede del organismo empresarial de la capital del estado.
Javier Duarte

Nemi Dib

En reconocimiento a las aportaciones que durante su vida productiva otorgaron a Veracruz, el gobernador Javier Duarte de Ochoa y su esposa Karime Macías de Duarte instruyeron la entrega de cheques a los adultos que carecen de apoyos institucionales.
DIF Estatal

featured-content2

featured-content2

featured-content2

featured-content2

DELICIAS

11:14 Reporter: Carlos Morales Tapia 0 Responses
Juan Antonio Nemi Dib

La última novela de Umberto Eco, El Cementerio de Praga, difícilmente se recordará como lo mejor de su obra, pero nadie duda que posee los mismos efectos que un meteorito yucateco para levantar polvo, y es que arrasa casi con todo (s): los masones, los judíos, la iglesia católica, un poco Giuseppe Garibaldi y hasta el rey Vittorio Emanuele, sin omitir a Freud, Dumas y -valga Dios- los jesuitas, a quienes tocan los punzones más filosos. Algo a lo que nadie pondrá reparo, sin embargo, son las prendas gastronómicas del Capitán Simonini, el protagonista (“Yo me conozco como amante de la buena cocina”).

Simonini transita entre la exquisitez refinada (gourmet, dirán los expertos) y el exceso que la excelsitud de la vianda justifica (gourmand, que sin mucha precisión se puede traducir como glotón, codicioso, excedido pero con causa). Y es que en el libro no pasan diez páginas sin una referencia a les soufflés à la reine, les filets de sole à la vénitienne, les escalopes de turbot au gratin, il selle de mouton purée bretonne, le poulet à la portugaise, le pâte chaud de cailles, le homard à la parisienne, les canetons à la rouennaise, les ortolans sur canapés, les aubergines à l’espagnole, les aperges en branches o les cassolettes princesse...

Desde los primeros capítulos el señor Capitán, modelo de amoralidad y torceduras neuronales llega a cantar a sus compañeros de comedero: “Tous le légumes, au clair de lune étaient en train de s’amuser et les passants les regardaient...” (que creo se traduce como: ‘todas las verduras se divertían a la luz de la luna, mientras observaban a los transeúntes’). La verdad es que no sólo de referencias se estimula el apetito. Umberto Eco tampoco es díscolo con las recetas: “Se necesitaba por lo menos medio kilo de morcillo de buey, un rabo, culata, salchichas, lengua de ternera, cabeza, manos, gallina, una cebolla, dos zanahorias, dos tallos de apio, un puñado de perejil. Se ponía todo a cocer en tiempos distintos, según el tipo de carne... nada más colocar el cocido en una bandeja, había que esparcir un puñado de sal gruesa sobre la carne y verterle algunos cazos de caldo hirviendo, para que resaltara el sabor. Poco acompañamiento, salvo alguna patata, aunque eran fundamentales las salsas...”.

O esta otra que úrgeme llevar a la práctica, el bagnetto verde (ahora sé, gracias a “El Cementerio...”, que típico de la cocina piamontesa): un manojo de perejil picado, anchoas, la miga de un bolillo, un poco de alcaparras, ajo, yema de huevo duro, aceite de oliva extra virgen y vinagre (todos los ingredientes se pican muy fino, se mezclan bien, logrando consistencia cremosa para untar rebanadas de pan, preferentemente acompañado de vino sabroso).

Sabido es, sobra repetirlo, que se come para vivir, que los alimentos nutren, que son esencia del sistema inmunológico y, por ende, protegen; probado está que los alimentos fortalecen ciertas capacidades corporales e incluso combaten algunas deficiencias y patologías; parece una torpeza, por elemental, decir que los organismos que no comen desaparecen. Por eso hay quienes dicen que el acto de comer es, estrictamente, una necesidad (conozco a uno que lo hace de pie, con prisa, asegura que es pérdida de tiempo, desperdicio infame); y me lamento por ellos.

Y me lamento porque esos individuos se privan de uno de los pocos placeres que nos acompaña a lo largo de toda la existencia consciente: comer es fruitivo, produce sensación de agrado y bienestar corporal, propicia la secreción de endorfinas (hormonas benéficas que los expertos llaman “péptidos opioides que funcionan como neurotransmisores”) y es por ende, estimulante, gratifica; comer es gozo desde que la ingesta se ingenia, se piensa, y mientras se prepara, se comparte; comer es convivir, “vivir juntos”.

Y que nadie se equivoque: estos placeres no están reservados a los delicatessen ni se vinculan necesariamente a las carteras abultadas ni a los gustos excéntricos ni a los restaurantes con decorados fatuos. Piénsese, por ejemplo, en unos frijoles de la olla, con caldo espeso a fuerza de hervir y suficiente epazote, en tortillas de mano -de maíz blanco, de maíz negro- con una rebanada de queso fresco y un gajo de chile verde, en una memela, picada o gordita con salsa, queso y cebolla encima, en un buen chileatole picoso con granos de elote tierno y, como suele hacerse en Córdoba, una pizca de azúcar a la hora de comerlo, en unos huazontles capeados y bañados con caldillo de jitomate, en un fideo seco con rebanadas de huevo duro, en unos chilaquiles verdes (a mí personalmente me gustan caldosos, batidos, pero reconozco que la mayoría los prefiere tostaditos, crujientes), en unos huevos estrellados -receta excepcional de mis amigos Elsa y Ramón Cházaro- envueltos en hoja de acuyo, hierba santa o tlanepa, como le llaman en mi pueblo. Y ya no hablemos de las berdolagas, los quelites y de tantas cosas más que no por baratas dejan de inspirar al espíritu.

Pesan los que no entienden de esta forma de gozar la existencia, como se sufren, también, los millones de habitantes del planeta que viven con hambre no por gusto o falta de interés en la comida, sino por lo que los expertos llaman con cinismo “un problema de precios”, mientras millones de toneladas de alimentos se pudren en las bodegas. La paradoja de la sociedad de la súper abundancia, la desigualdad y la pobreza.


Read more...

BODAS

11:55 Reporter: Carlos Morales Tapia 0 Responses
Juan Antonio Nemi Dib

El Código Civil de Veracruz dice expresamente que “el matrimonio es la unión de un solo hombre y de una sola mujer que conviven para realizar los fines esenciales de la familia como institución social y civil”. Pero el 21 de diciembre de 2009, la Asamblea de Representantes del Distrito Federal aprobó una modificación sustantiva al artículo 146 del Código Civil de la Capital de la República que estableció un nuevo concepto: “el matrimonio es la unión libre de dos personas para realizar la comunidad de vida, en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua”. Con esta nueva prescripción quedó sin efecto (por ahora en la Capital del País) el concepto que limitaba el matrimonio a personas de sexos diferentes.

De modo que, para efectos prácticos, las bodas ya no son exclusivas para personas con preferencias heterosexuales y esta nueva circunstancia se está presentando cada vez con más frecuencia en otras ciudades y regiones del mundo, no sin rechazo firme por parte de algunos sectores sociales pero también con el respaldo de grupos sociales significativos (de hecho, “la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró constitucional el matrimonio entre personas del mismo sexo en el Distrito Federal, con votación de 8 contra 2. El ministro Fernando Franco consideró que ‘la procreación no es un elemento esencial del matrimonio y tampoco atenta contra la protección que la constitución otorga a la familia y a la procreación, porque aquellos que quieran concebir, están en plena libertad de hacerlo’”).

En otros países -por ende, en otras culturas- son legales los matrimonios múltiples, compuestos de más de dos personas o, incluso, es lícito que uno de los integrantes tenga más de un (a) esposo (a). En ciertas naciones como la nuestra se castigan estos matrimonios múltiples (“Se impondrán de seis meses a cinco años de prisión y multa de veinte a ochenta días de salario a quien, estando unido en matrimonio no disuelto ni declarado nulo por sentencia ejecutoria, contraiga otro con las formalidades legales. Las mismas sanciones se impondrán al otro contrayente, al encargado del registro civil, a los testigos y a quienes, en su cazo, ejerzan la patria potestad o la tutela y hayan autorizado u otorgado su consentimiento, si conocían el impedimento al tiempo de celebrarse el matrimonio”) pero es indudable que en algunos otros sitios a los matrimonios múltiples se les considera perfectamente legítimos, deseables e incluso beneficiosos para el interés general. (Cuando fui delegado de Migración siempre quise saber cómo se actuaría si llegase como inmigrado a México un individuo acompañado de dos o tres esposas, legítimas en su país de origen; pero nunca se me dio el caso).

Los matrimonios conllevan no sólo una vida en común por parte de quienes los integran, una compartición de necesidades e intereses, sino una importante dosis de legitimidad (de reconocimiento por parte de la sociedad respecto de los vínculos que unen a los cónyuges) que implica derechos y obligaciones. El reconocimiento social puede ser a través de los sistemas legales, de instituciones y ritos religiosos o simplemente por las costumbres de la comunidad a la que pertenecen los desposados. En algunos sitios es legal disolver los matrimonios mediante el divorcio, incluso las religiones -tradicionalmente opuestas a las separaciones de cónyuges- previenen fórmulas de repudio o procedimientos canónicos que, bajo ciertas condiciones, autorizan la disolución legítima del vínculo.

Una de las pocas cosas que son comunes y constantes a los matrimonios en todo tiempo y lugar es que éstos crean -para efectos legales- los vínculos de parentesco, no sólo entre los esposos, sino con las familias de éstos. Esto significa que el matrimonio de los cónyuges tiene consecuencias directas (y a veces inexcusables) para terceras personas, en relación con varios asuntos como las tutelas, herencias, legados, sucesiones y hasta obligaciones para dar alimentos (“Los alimentos no sólo comprenden lo necesario para nutrir el cuerpo humano, sino que abarcan una serie de elementos indispensables para el sano desarrollo y armónica convivencia respecto del entorno social y económico al que pertenece cada individuo y comúnmente se dan mediante el sustento y el apoyo económico cuantificado en dinero. Las principales personas que tienen derecho a percibir alimentos son los menores de edad, los incapacitados y las personas declaradas en estado de interdicción”).

Un buen abogado civilista dirá con toda razón que este tipo de obligaciones como la de “dar alimentos” se contraen cuando se vive o se ha vivido en pareja, independientemente de que exista un reconocimiento conyugal de orden matrimonial o de otro tipo. Por ejemplo, el Código Civil de Veracruz expresa: “Las personas que hayan convivido bajo un mismo techo, como marido y mujer, durante los tres años que precedieron inmediatamente a la muerte, o un tiempo menor si han tenido hijos, siempre que ambos hayan permanecido libres de matrimonio durante el concubinato, tienen mutuo y recíproco derecho a heredarse”. De modo que no hace falta estar casado (a) para tener obligaciones legales (y derechos) respecto de la pareja.

De acuerdo con el INEGI, en México, al 2008, se registraron 589 mil 352 matrimonios, un poco menos que en 2007 (595 mil 209) y apenas 2’374 más que en el año 2006, en que se matrimoniaron 586 mil 978 parejas. En cambio, los divorcios sí fueron mayores en 2008: 81 mil 851 contra 77 mil 255 en el año 2007 y 72 mil 396 en 2006. Para esos tres años, la cifra total de bodas en México fue de un millón 771 mil 539, mientras que los divorcios sumaron 231 mil 502, es decir, el 13 % del total. 7.65 bodas en promedio, por cada divorcio.

Respecto de las edades, los censos nos dicen que: al 2008, la edad promedio en que se casan los mexicanos son los 28 años y las mujeres 25. Respecto de su nivel académico, 31% de los contrayentes tiene secundaria terminada o su equivalente, mientras que en el 21% de las parejas el hombre tiene mayor escolaridad que la mujer y en 22% la mujer tiene más escolaridad. El 58% de los contrayentes tienen el mismo nivel de estudios.

Al margen de tecnicismos jurídicos y demográficos, de registros estadísticos y normas morales, ¿hace el matrimonio felices a sus integrantes?, ¿seguirá existiendo como institución?


Read more...

EL DISCURSO

12:00 Reporter: Carlos Morales Tapia 0 Responses
Juan Antonio Nemi Dib (Sólo transcriptor)

Se concede el uso de la palabra al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe Calderón Hinojosa:

1.- Su explicación.- “La evolución de las organizaciones criminales que hoy vemos en México no es nueva. Se ha dado ya en otras partes del mundo. Quienes han estudiado el fenómeno del crimen organizado, señalan que existen al menos tres fases: En un inicio, las bandas operan como pandillas, prácticamente, y pueden ser controladas por los cuerpos de seguridad. Más tarde, el crimen corrompe al Estado y crea complicidades dentro de éste, lo cual le permite actuar de manera exitosa y expandir su negocio. Finalmente, si el problema no es controlado, el crimen organizado termina apoderándose del Estado o de algunos de sus órganos de coacción, y éstos se ponen al servicio de la delincuencia.

En su fase más extrema, nos dicen, el crimen organizado y el Estado son prácticamente lo mismo. En el caso particular, hay que recordar que desde hace décadas existieron en la frontera Norte bandas, fundamentalmente de contrabandistas, que evolucionaron a narcotraficantes.

Quizá, muy al principio, operaban como pandillas aparentemente inofensivas. Luego, evolucionaron a cárteles, con redes de corrupción dentro de las instituciones del Estado. Surgió primero el Cártel de Matamoros, después el Cártel del Golfo y su brazo armado Los Zetas. Se dio también, un cambio relevante en la operación de estos grupos criminales, ya no sólo buscaban proveer droga al extranjero, sino también, buscaban colocarla en México entre jóvenes mexicanos. Fue un cambio de serias consecuencias. Del mero narcotráfico a Estados Unidos, al narcomenudeo en nuestro país. Y con el inicio del narcomenudeo vino, también, una nueva estrategia de los criminales, su expansión geográfica y su lucha por el control territorial. Por qué. Porque para vender su mercancía buscaron controlar bares, tienditas, giros negros a través del control y dominio de los pueblos y las ciudades donde estos se encontraban, y para ello había que controlar a su vez a las autoridades mediante la cooptación o la intimidación. En la búsqueda de nuevos consumidores y territorios, los cárteles ya no sólo se limitaron a la frontera, sino que se expandieron por todo el país. Para algunos, esta expansión no tendría consecuencias mientras no se tocara a los criminales. Era la lógica de que si no te metes con ellos, no pasa nada.

Ese error permitió a las bandas distribuirse rápidamente en el territorio, enquistarse en las instituciones del Estado e incluso, poner a su servicio estructuras completas de policía y de procuración de justicia en algunos lugares específicos. Y una vez hechos del control de las autoridades de un pueblo o de una ciudad, a los delincuentes ya no les costaba ningún trabajo adicional ampliar sus actividades a otras acciones delictivas como el robo, el secuestro o la extorsión. Hay, además, otros factores que explican el alto número de homicidios, especialmente violentos que observamos. Una vez hechos del control territorial, los delincuentes buscan evitar la presencia de otros grupos criminales en la zona, defender, y lo digo entre comillas, su territorio.

Y nuevamente, la disputa territorial es también lo que explica la violencia en la frontera del Noreste, señaladamente en Tamaulipas, desde el principio de la década pasada, cuando el Cártel, entonces, Golfo-Zetas, comenzó a disputar esa zona contra el Cártel del Pacífico, dando inicio a enfrentamientos y ejecuciones cada vez más violentas. Esta circunstancia se agravó recientemente, concretamente el año pasado, porque en 2010 hubo una ruptura entre el Cártel del Golfo y el de Los Zetas, que han protagonizado entre sí una de las más cruentas disputas que se tenga registro. Esta lucha intestina explica, por ejemplo, en buena parte, el preocupante incremento de los homicidios violentos en 2010 y 2011, incluyendo el asesinato bárbaro de migrantes en San Fernando, a quienes Los Zetas dicen haber confundido con integrantes del grupo rival.

Lo que más nos preocupa es que los criminales se meten con la gente. Se meten con la gente para extorsionar, para secuestrar, para amenazar. Y por eso actuamos, para defender a las familias. Pero debo advertir, sin embargo, que esta sensación generalizada de temor y de debilidad institucional, también ha generado cierta parálisis en algunas autoridades y/o policías del país, provocando que se disparen los delitos del orden común, haya o no presencia del crimen organizado.”

2.- Su defensa. “La única manera de terminar verdaderamente con este cáncer es perseverar en la estrategia. Hay quien dice que la violencia es consecuencia de la acción del Gobierno. No es así. La violencia se da no por la intervención de las Fuerzas Federales, al contrario, las Fuerzas Federales intervienen donde hay violencia y porque hay violencia en un lugar determinado. La acción del Estado así, contra los criminales es una consecuencia y no una causa del problema. La violencia se da por la expansión del crimen organizado. Y en ese marco, la presencia de las Fuerzas Federales no es parte del problema, sino parte de la solución. Y quiero hacer un reconocimiento a la lealtad y al patriotismo de las Fuerzas Armadas en México: al Ejército y a la Marina. Su participación firme y valiente ha sido decisiva en la defensa de México. Igualmente, a los policías Federales, ministeriales y Ministerios Públicos honestos, que arriesgan su vida todos los días por el bien de México.

También, hay quien supone que si el Gobierno Federal no hubiera actuado en contra de estas mafias, no hubiera pasado nada. No hubiera habido violencia ni delitos. Ese es otro error muy común. Por el contrario. Fue, precisamente, el no actuar a tiempo lo que permitió alcanzar el poder que hoy tienen los criminales. Y es absurdo suponer, también, que si el Gobierno se retira de esa lucha, los delincuentes van a dejar de asesinar o de delinquir, o de expandir su ámbito de influencia hasta dominar las estructuras de poder. Al contrario, de no haber hecho nada, en lugar de la utópica tranquilidad que algunos imaginan, el país estaría totalmente dominado por los cárteles. El crimen habría crecido hasta hacer inoperantes las instituciones del Estado y ponerlas a su servicio.

Y algo más importante: No habría quien les hiciera frente a esos grupos, dejando a las familias mexicanas a merced de los criminales. Ceder la plaza, no meterse con ellos, mejor no moverle, seguir con la administración de la ilegalidad y la simulación de la justicia, nos hubiera llevado al envilecimiento de la sociedad, nos hubiera llevado al Gobierno de los criminales. Los cárteles controlarían decisiones y recursos del Estado y de la sociedad. Eso habría significado simple y llanamente, perder al país. Y eso no ocurrirá, no mientras se les siga haciendo frente con firmeza y en lo cual mi Gobierno está y estará plenamente comprometido hasta el último día de mi mandato.”


Read more...

EL ROBO

12:00 Reporter: Carlos Morales Tapia 0 Responses
Juan Antonio Nemi Dib

Esta historia de ficción comenzó hace muchos años, cuando uno de los protagonistas tomó de su padre el hábito de ahorrar conservando todas las monedas del cambio (“el vuelto”, “la feria”), dejándolas reposar en un cochinito de barro que apenas llegaba a su nivel de engorda sufría el mismo destino que sus congéneres de carne y hueso. Con el tiempo el buen hábito evolucionó y se tornó una disciplina de autofinanciamiento: siete u ocho mil pesos anuales no caen nada mal, aún con la monserga de clasificar monedas y moneditas, ponerlas en pequeñas bolsas por separado, en cantidades específicas, como exigen los bancos a sus clientes que hagan la chamba que se supone le toca a ellos porque aparte cobran por todos sus “servicios” y, para colmo, pagando el 3% de impuesto a los depósitos en efectivo.

Las huchas también evolucionaron, aunque no necesariamente para bien: dejaron de ser de barro y se transformaron en yeso, perdieron sus maravillosos ojos de canica translúcida, se hicieron polvorientas y pintadas de horribles colores (generalmente tonos rosas intensos) y se volvieron costosas, pero a fin de cuentas siguieron cumpliendo el propósito de propiciar un ahorrito.

Total que el día de los hechos (lenguaje apropiado, tomado de un secretario de agencia del ministerio público) el susodicho constató que su marranito de turno estaba prácticamente a tope y que se acercaba el momento de ponerle piadoso fin a su existencia, aunque sabido de las horas necesarias para contar las monedas y clasificarlas y de la irritación que produce en los dedos de las manos el material calcáreo, decidió dejar para mejor fecha el martillazo que, dicho de paso, no deja de ser gratificante (aseguran que es una probada terapia contra el estrés romper alcancías de un buen porrazo, y más si están llenas).

Puesto en su sitio y muy difícil de mover, por su peso y por sus pocos asideros, el marranito guardó silencio -como Chong Ki Fu, el chino de los jarrones de Cri Cri-, quizá agradecido por un rato más de existencia en este mundo cruel y despiadado. Sin embargo, para la noche se había ido, sin más, sin una nota de despedida, sin un rastro, sin evidencia. Y de su partida el susodicho no se habría percatado, de no ser porque precisamente esa noche fue hasta el rincón a depositar unas monedas dentro de la alcancía que ya no estaba. (Aquí la frase de cajón sería: “Menuda fue su sorpresa al descubrir que su alcancía en forma de cochinito había desaparecido”).

Lo peor de todo fueron las horas de sueño que también se marcharon y dieron paso a las especulaciones que se sucedieron una tras otra: “¿Quién sería?, ¿a qué hora?, ¿cómo entró?, ¿cómo lo sacó?, ¿fue uno o fueron varios?, si fue Sutano o Mengana... ¿cómo se lo aguantaron?, ¿se habrán llevado otra cosa?, ¿habrá que denunciar?, ¿cómo se comprueba la propiedad de una alcancía y su contenido?, ¿qué cantidad exacta tenía?, ¿cómo saber el monto exacto del botín?, ¿y si es una broma?, ¡Chin! hoy vinieron a poner el cristal del baño (¿eran dos o tres los instaladores?) y también estuvo el carpintero -con su ayudante- para arreglar la puerta del clóset, ¿y si fue ella? ¡No, ella no, es una chamaca inocente!”

Aquí es donde se entiende el sentido de la sobada frase: “la duda ofende”. De agraviado el susodicho pasó a “sospechosista” (Santiago Creel dixit) y empezó a juzgar, y no sólo a los presuntos culpables sino a sus potenciales razones para el hurto. Y un ligero tamiz sutil pero determinante convirtió a todos de pronto en culpables. La conciencia acusadora que se escuda en el pesar de la víctima lastima a muchos inocentes. Los ladrones también se roban la confianza y es difícil, dificilísmo reponer ese bien tan escaso en estos tiempos.

Y para colmo, apenas amaneció, a la pobre muchacha le avisaron que su abuelo acababa de morir, que era necesaria su presencia en el pueblo (“Chilotla”, una comunidad poblana, a unas dos horas de Huatusco según dijo). Tuvo que bañarse y alistarse en poco tiempo y cargar con su mochila para salir temprano hacia su casa. Advirtió que tardaría en volver, aunque luego cambió de opinión y dijo que regresaría el lunes.

Pero las tristezas no llegan solas y suelen cebarse sobre la gente: la cremallera de la mochila nomás no quería cerrar y después de tantos intentos el contenido de la bolsa acabó desparramado por el suelo como bolo de bautizo, incluyendo unas prendas de ropa que estuvieron a punto de cambiar de dueña y hasta el cuchillo de sierra que sirvió para cercenar las entrañas del marranito.

Pobre muchacha. Se le muere su abuelo y encima se le rompe la mochila. Es mucho pesar para una joven de 18 años que apenas hace unos meses vino del campo a la ciudad buscando mejor calidad de vida para ella y los suyos.

La ventaja es que esto no es más que una historia de ficción, de esas que continúan por los siglos de los siglos. Con todo, siempre será mejor ser inocentes, ingenuos, confiados. porque la desconfianza asfixia lentamente, roba la tranquilidad... roba el sueño.


Read more...

INFORMALES

13:21 Reporter: Carlos Morales Tapia 0 Responses
Juan Antonio Nemi Dib

Su inventor es el antropólogo inglés Keith Hart. En 1971, mientras hacía un estudio sobre las condiciones de vida en las regiones urbanas de Ghana utilizó la expresión “economía informal” para referirse a todas las actividades económicas que operan al margen de los sistemas fiscales, que carecen de controles administrativos y que, sin ser precisamente delictivas, es decir, sin tener el propósito deliberado de infringir las leyes, operan al margen de éstas.

No hay economía nacional que se salve de este fenómeno. Algunos analistas dicen que en España la “economía sumergida o negra” -como también se le llama- alcanza más del 23% de su producto interno bruto. Pero también se identifica con facilidad economía informal en Japón, en Alemania, en Corea del Sur, en Estados Unidos y en Hong Kong. Según el doctor Friedrich Schneider, profesor de la Universidad Kepler de Linz (citado por Carlos Ball del Cato Institute), en los países ricos la economía informal anda en torno al 15% mientras que en los países pobres puede superar el 30% en promedio, según algunas investigaciones.

Es muy difícil tener mediciones exactas del valor de la economía informal, sin embargo hay algunos acercamientos para su cuantificación: En 1999 se calculaba que la economía mundial producía unos 39 billones de dólares anuales, de esos, 9 billones correspondían a la actividad económica de los Estados Unidos de América y una cantidad igual, otros nueve billones de dólares, se atribuían específicamente a la economía informal en todo el planeta. Como está visto, los reiterados intentos de controlar las actividades “subterráneas” no han logrado su propósito. Y es que, por su propia naturaleza, las prácticas informales suelen resultar más competitivas porque sus gastos son mucho menores, incluyendo los impuestos que no pagan y, por ende, más rentables.

Existe la propensión a considerar que la economía informal se limita a los vendedores ambulantes, a las “misceláneas” o a las garnacherías que se abren por la tarde al pie de una vivienda con apenas un anafre -anafe en correcto castizo- y un par de sillas sobre la acera y que durante la mañana no operan, pero en realidad el distinguido especialista médico que le aumenta el precio de la consulta y le carga adicionalmente los impuestos si usted osa pedirle un recibo de honorarios profesionales está ejerciendo también dentro de la informalidad, por no hablar de la amoralidad. Esto significa que la economía informal está en los tianguis y en la vía pública, en los trabajos de fontanería y los peluqueros “de paisaje”, en las marchantas que van de puerta en puerta vendiendo flores y verduras, pero también en las lujosas oficinas corporativas y en todas las transacciones que no se facturan. La economía informal también son las “tandas” de ahorro que permiten a la gente financiarse al margen de los bancos y los sistemas de crédito fiscalizados. En los choferes de autobús y de taxi que le cobran pero no le dan boleto o factura a cambio.

Un tema crítico de esta problemática tiene que ver con la falta de opciones en el mercado, es decir, cuando las personas económicamente activas se sitúan dentro de la informalidad no porque quieran evadir impuestos o porque gocen viviendo al margen de la ley, sino -sencillamente- porque la “economía formal” no tiene la capacidad de absorberles, de proporcionarles un empleo con salario remunerador o incluso, porque las condiciones exigidas por la formalidad económica quebrarán de manera casi automática a un pequeño negocio que además de impuestos debe pagar arrendamientos, prestaciones a sus trabajadores, gastos de contabilidad y administración, etc. En pocas palabras, quienes operan dentro de la economía informal no siempre lo hacen por gusto, sino porque no hay más remedio.

El Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática informó apenas que la población que labora dentro del sector informal de la economía mexicana suma 13.4 millones de personas, que representan el 28.9 % de la población ocupada en nuestro país y un crecimiento de 75 mil personas comparado con el dato de 2010.

Sin embargo, según la revista de negocios EXPANSIÓN, en 2008 había 10.8 millones de mexicanos trabajando en la economía informal. Si ambas cifras fueran correctas, el aumento en la población ocupada dentro de la economía subterránea habría sido de 2.6 millones de personas en apenas dos años y medio. O fueron conservadoras y poco precisas las cuentas de EXPANSIÓN o INEGI exageró en su cálculo para este año o estamos en medio de un problemón -uno más. En cualquier caso, 13.4 millones de mexicanos trabajando permanentemente en la informalidad representan casi un tercio de la economía y, de acuerdo con las cifras que reporta el diario español EL PAÍS, son 600 mil trabajadores más que los de las empresas que sí pagan impuestos.

La economía informal tiene muchos “asegunes”: además de no pagar impuestos, no suele ofrecer garantías a los consumidores (aunque a decir verdad, por lo general las empresas establecidas tampoco, y especialmente los monopolios de telecomunicaciones), participa de las redes de corrupción de inspectores y policías, utiliza bienes y servicios públicos pero no paga por ellos (robo de energía, por ejemplo), es una red eficaz de distribución de piratería y mercancías ilegales, cuando se trata de ambulantaje daña infraestructuras, obstruye las vialidades y pone en peligro a los transeúntes. Pero también es cierto que genera ingresos a casi 14 millones de familias, abastece a una red de clientes acostumbrados a comprarles y, con frecuencia, sus bienes y servicios suelen ser de menor costo (aunque también de menor calidad) que los del mercado establecido.

En fin... parece que seguiremos siendo informales por buen tiempo.

antonionemi@gmail.com

Read more...

CRISIS

14:56 Reporter: Carlos Morales Tapia 0 Responses
Juan Antonio Nemi Dib

Con toda lógica y mucho sentido común me dice un amigo que me despreocupe, que los intereses en juego son tantos y tan grandes, que no van a permitir que la economía mundial reviente, que el escenario de ruptura de la Unión Europea es más discurso que realidad y que si es necesario van a sacar dinero de donde sea -incluso imprimiéndolo- para asegurar que las cosas sigan funcionando como a ellos conviene.

Y a este argumento lo abonan los hechos más recientes: después del escenario ominoso que se dibujó en las semanas anteriores, las bolsas de valores (insisto: los casinos financieros del planeta) empezaron a recuperarse, con las de Estados Unidos en primer lugar y presuntamente gracias a que las cifras de consumo del mercado norteamericano crecieron. Finalmente Italia acepta realizar recortes draconianos en su gasto público y la proximidad de las elecciones generales en España, que parecen predecir un cambio inevitable del Partido Socialista -hoy en el Gobierno- al Partido de la derecha (el Popular), generan en los capitales peninsulares la expectativa de recuperación que habían perdido. Las economías de Portugal y Grecia aún no la libran y sus problemas siguen presentes pero la realidad es que, en términos prácticos, sus volúmenes son relativamente pequeños si se comparan con el monto total de la economía de la “Eurozona”.

No se puede asegurar que el “fantasma de la recesión” se haya ido definitivamente pero es un hecho que los sectores conservadores de nuestro vecino del norte ya torcieron lo suficiente el brazo de Barack Obama y si bien están aplicados para que el demócrata pierda las próximas elecciones presidenciales, tampoco quieren arrancarle la extremidad, saben que sería demasiado peligroso. Por lo menos, ahora su Gobierno puede ya, legalmente, continuar endeudándose para pagar sus compromisos, seguir subsidiando con cantidades inconmensurables a la industria militar, a la fabricación de armamento y a los proyectos secretos de investigación de las grandes corporaciones bélicas que, con sus tecnologías, garantizan la supremacía estadounidense y -también- los grandes negocios, incluyendo además a las grandes productoras de energía que también reciben su tajadota, pero eso sí: sin aumentar impuestos a los ricachones y, por el contrario, recortando de manera drástica los programas de ayuda social.

Pero no es para cantar de gusto. Las perspectivas para México, aún con esta ligera mejoría en el clima general, se asocian a la disminución del trabajo para nuestros migrantes -y por ende, una sensible caída en el monto de las remesas que constituyen un fuente crítica de financiamiento para nuestro País-, una baja en nuestras exportaciones, la contracción en la demanda de servicios turísticos (de por sí afectados por las noticias internacionales acerca de la inseguridad en el territorio nacional) y, como casi siempre suele ocurrir, en aumentos de precios de los servicios e insumos importados de los que somos salvajemente dependientes y que se pagan en dólares.

Aunque el Gobierno Federal y el Banco de México se empeñen en decir que estamos “blindados” para resistir los efecto de esta difícil coyuntura económica, lo cierto es que ni todas las reservas que custodia el doctor Agustín Carstens (en divisas, en metales preciosos) ni los pagos puntuales a los acreedores públicos y privados ni los llamados a la confianza serán suficientes para compensar los efectos negativos en la disminución de los ingresos nacionales, la reducción de mercado para nuestros productos y el aumento en los costos de operación de las empresas mexicanas.

Y como siempre ocurre, estas cosas le pegan más a quienes son más vulnerables. Es probable que el costo de la vida sufra incrementos -empezando por los combustibles-, que aumente la presión sobre el empleo (lo primero que suelen hacer las empresas en estos casos es despedir personal) y que el Gobierno mexicano tampoco disponga de fondos suficientes para nuevos proyectos de inversión que contribuyan al desarrollo, al combate a la pobreza y, sobre todo, a la creación de riqueza social.

Un ciudadano lúcido llamó a un programa de radio y dijo que lo mejor que podemos hacer los mexicanos en este momento es comprar productos mexicanos. Después recibí varios mensajes a través de internet con esta misma propuesta: al adquirir productos mexicanos finamente lo que se hace es proteger nuestros empleos y mantener operando la planta productiva de nuestro País.

Es cierto que lo hecho en México no siempre es tan bueno y a veces no se corresponde la calidad con su precio, es verdad, también, que la poca capacidad adquisitiva de la gente le obliga a comprar lo que puede, no lo que desea ni lo que necesita. Eso nos lleva a otro problema igualmente serio: la debilidad de nuestro mercado interno, provocada por los bajos ingresos de las familias, la penuria que representan -en general- los salarios y la pobreza que le pega duro a casi la mitad de los mexicanos.

112 millones de personas consumiendo todo lo necesario para vivir con decoro harían de nuestra economía nacional una Jauja, un emporio que no dependiera del exterior, ni para bien ni para mal... si tuvieran con qué hacerlo. Quede el consuelo de que, al comprar productos mexicanos -incluso un botellín de agua- algo estamos haciendo, con responsabilidad, para paliar la crisis, aunque algunos sigan acumulando y muchos sigan sufriendo, posiblemente sea “lo menos peor”.


Read more...

ESPECULACIONES

14:14 Reporter: Carlos Morales Tapia 0 Responses
Juan Antonio Nemi Dib

Oferta y demanda son -dicen los expertos- los principales componentes de los ciclos económicos que, a fin de cuentas, no son más que intercambios de mercancías o servicios. El trueque parece la forma más añeja y, por lo que se ve, más transparente de relación entre consumidores. Sin embargo, el uso de dinero como representación de valor (así como los sucedáneos del dinero líquido: instrumentos de crédito, pagarés, cheques, etc.) da pie para acciones especulativas en las que el propio dinero, por sí mismo se vuelve una mercancía con la que se gana o se pierde dinero y por la que hay que pagar cuando se le necesita (a los banqueros, a las financieras, a los agiotistas, a las casas de empeño, al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial, a las cajas de ahorro).

El valor que se le reconoce al dinero depende, a su vez, de otros factores, por ejemplo la solidez económica del país que lo emite y la confianza de los inversores en ése país y en esa moneda. Una divisa puede devaluarse o revaluarse, aumentando o disminuyendo su capacidad adquisitiva en función de las condiciones económicas, también como estrategia para el fomento de las exportaciones de una nación; pero igual una divisa puede ser objeto de presiones deliberadas que respondan a intereses políticos o a mero lucro.

Este esquema de negocio financiero/especulativo es muy visible en las bolsas de valores en las que, literalmente, los poseedores de capital -de dinero- apuestan (como en un casino) a comprar baratos los títulos de propiedad parciales de las empresas -las acciones- y a venderlos caros, o bien a rentabilizarlos cuando las empresas producen dividendos. Quien tenga más dinero para comprar, información oportuna (que no siempre se obtiene de manera legal) sobre el estado de las empresas bursatilizadas -que cotizan en la bolsa de valores- y adecuadas mañas, ganará más dinero en la apuesta, aunque es cierto que a veces los mercados financieros suelen premiar el arrojo, la osadía y la “visión” de quienes invierten en proyectos empresariales raros o peligrosos o en empresas poco conocidas. También es cierto que muchas fortunas se han pulverizado en malas inversiones que acaban en quiebras.

No son infrecuentes los casos de fraude en los que se da a conocer información falsa sobre el estado de las empresas, ocultando quebrantos o malos manejos para producir aumentos ficticios de valor o bien para evitar, a través del engaño, que las acciones bajen de precio o bien las estrategias publicitarias -el típico anuncio de las compañías petroleras de que encontraron nuevos yacimientos, lo que casi siempre deriva en aumento de precio de sus acciones- en medio de inversores ávidos de ganancias.

Se supone que los mercados bursátiles sirvan para generar riqueza social, para incrementar las inversiones y contribuir al desarrollo, al volverse fuentes de financiamiento y capitalización de las compañías que se abren a inversionistas externos para crecer, crear empleos, etc. Sin embargo, con más frecuencia de la deseable se impone en los tenedores de acciones -que por lo general suelen ser desconfiados, conservadores y susceptibles para reaccionar negativamente a las menores dudas o presiones- la necesidad de proteger sus capitales y obtener por ellos las mayores utilidades, haciendo de la especulación bursátil su único propósito, sin importar cacahuate las consecuencias sociales de una inversión o una desinversión cuando éstas se basan únicamente en la rentabilidad y no en la responsabilidad con la sociedad.

Nadie en su sano juicio pediría que las empresas ni los empresarios perdieran dinero, por supuesto, pero son notables los casos en los que la especulación ha destruido emporios y ha puesto contra las cuerdas a naciones enteras, sólo para que alguien gane dinero. El caso más conocido de una especulación financiera de grandes proporciones -aunque no fue precisamente en el seno de una bolsa de valores- fue protagonizado por George Soros, nacido húngaro, hoy estadounidense, que el 16 de septiembre de 1992 colocó prácticamente en quiebra al Banco de Inglaterra al concretar una salvaje presión contra la libra esterlina que en sólo una noche le produjo utilidades netas de más de mil millones de dólares, aunque algunos analistas duplican la cifra.

La reciente crisis de la deuda en los Estados Unidos -en realidad, la negociación política que sirvió a los republicanos para torcer el brazo a Barack Obama y a éste para que, como en los últimos 30 años, el gobierno estadounidense siga viviendo de prestado y continúe operando-, el fracaso del modelo de rescate europeo (para salvar las economías de Grecia, de Portugal, de España y ahora de Italia) produjeron un nuevo viernes negro, la semana pasada, que llevó a perder a la gran mayoría de las bolsas de valores del mundo, es decir, a la baja en el precio de las acciones causada por ventas de pánico.

Las futuras elecciones presidenciales en EUA -es decir, la rivalidad entre grupos e intereses dentro de la mayor economía del planeta, que nos afectan a todos-, la casi insolvencia de buena parte de los países coaligados de Europa, la presión china para imponer su moneda -el yuan- como divisa de cambio mundial (de hecho, ya hacen con éxito operaciones de comercio internacional en yuanes, sin usar dólares) y la contracción de los mercados de consumo son componentes -condimentos- adicionales de este coctel.

Es, no hay duda, el momento ideal para los especuladores. Lo malo es que para que ellos ganen, como ocurre siempre, muchos tendremos que perder.


Read more...

Video destacado

My Blog List